Neuroarquitectura y Autismo: Diseñando Bienestar

Neuroarquitectura y Autismo: Diseñando Bienestar

La forma en que diseñamos los espacios tiene un impacto directo en nuestras emociones y bienestar. Para las personas autistas, este impacto es aún más significativo. Los entornos pueden generar calma o, por el contrario, provocar sobrecarga sensorial. La neuroarquitectura estudia cómo los espacios afectan nuestro cerebro y emociones, ayudando a diseñar ambientes más inclusivos y funcionales.

¿Cómo afectan los espacios a las personas autistas
Las personas suelen experimentar hipersensibilidad o hiposensibilidad a los estímulos del entorno. Factores como la iluminación, los colores, el sonido y la distribución espacial influyen directamente en su estado emocional, capacidad de concentración y bienestar general. Un diseño mal planificado puede generar ansiedad o distracción, mientras que un espacio pensado para sus necesidades puede ofrecer confort y estabilidad.

Diseño consciente para una mejor calidad de vida
El diseño arquitectónico no solo cumple una función estética, sino que también puede transformar la vida de las personas que lo habitan. Como destaca Ana Antico, directora de Antico Home y Studio:

"El diseño consciente no solo embellece los espacios, sino que también puede mejorar la calidad de vida de quienes los habitan".

Al aplicar estos principios en el diseño de hogares, escuelas y espacios de trabajo, podemos contribuir a la inclusión y el bienestar de las personas autistas. La neuroarquitectura ofrece herramientas valiosas para crear entornos que se adapten a necesidades específicas de las personas, promoviendo una mejor calidad de vida para todos.

Principios de la Neuroarquitectura para entornos inclusivos
Tatiana Luis, directora del Centro de Atención a la Diversidad Autismo en Positivo (CAD), señala que el diseño de los espacios influye directamente en la percepción de las personas "y más cuando son autistas".

"Los espacios sobrecargados pueden volverse hostiles, dificultando la realización de tareas y generando estrés. Entre las principales barreras se encuentran el ruido excesivo y la sobrecarga visual, factores que pueden limitar la autonomía y el confort.".

Para diseñar espacios adaptados a las necesidades de las personas con autismo, es clave considerar:

Iluminación regulable: La luz natural es beneficiosa, pero también es importante contar con opciones de control como cortinas, reguladores de intensidad o luces indirectas para evitar molestias visuales.
Colores y texturas suaves: Los colores neutros y tonos pastel generan ambientes más relajantes, evitando contrastes agresivos. En cuanto a texturas, los materiales cálidos y suaves son ideales para brindar sensación de confort.
Zonas de descanso sensorial: Diseñar espacios específicos para la regulación emocional ayuda a reducir el estrés. Esto puede incluir rincones con pufs, alfombras mullidas y poca estimulación visual.
Reducción del ruido: El exceso de ruido puede ser abrumador para las personas con Trastorno de Espectro Autista (TEA). El uso de paneles absorbentes de sonido, alfombras y diseños que minimicen el eco pueden hacer una gran diferencia.
Organización y distribución clara: Los espacios deben ser intuitivos y funcionales, con zonas bien definidas para cada actividad. Evitar la saturación de elementos ayuda a que el entorno sea más comprensible y predecible.

Creando espacios que cuidan
El diseño arquitectónico tiene el poder de influir en la calidad de vida de las personas, especialmente de quienes tienen necesidades sensoriales particulares. Comprender cómo el entorno afecta a las personas con autismo es un primer paso esencial para crear espacios verdaderamente inclusivos. Con pequeños cambios en la iluminación, la organización y los materiales utilizados, podemos generar ambientes que no solo sean bellos, sino también seguros y confortables para todos.