Podemos ignorarlo por días, semanas o incluso meses. Pero tarde o temprano, el desorden se hace notar. No solo en lo visual, sino también en cómo pensamos, cómo dormimos, cómo nos sentimos. Y es que el caos externo no es solo una molestia estética: está profundamente vinculado a nuestro bienestar emocional y mental.
El desorden activa el estrés (y no es solo percepción)
Diversos estudios han confirmado que el exceso de estímulos visuales —objetos fuera de lugar, superficies saturadas, acumulación de cosas— activa la amígdala cerebral, estructura vinculada a la respuesta al peligro. Según la neurocientífica Sherrie Bourg Carter, “los espacios desordenados pueden aumentar los niveles de cortisol y dificultar la concentración, el descanso y la productividad” (Psychology Today, 2012).
Este tipo de caos constante, aunque no siempre seamos conscientes, puede afectar el estado de ánimo, generar sensación de agobio, fomentar pensamientos repetitivos y obstaculizar procesos creativos. En resumen: vivir en un entorno desordenado nos desgasta.
El cleanfulness: orden como herramienta de autocuidado
Así como el mindfulness nos invita a estar presentes, el cleanfulness —tendencia en alza— propone usar el acto de ordenar como una forma de regulación emocional. No se trata de limpiar por limpiar, sino de crear entornos que nos ayuden a sentirnos más tranquilos y enfocados.
Aquí es donde el diseño interior, y más aún la neuroarquitectura, ofrecen soluciones prácticas. No hablamos solo de decoración, sino de decisiones que reducen el ruido visual y fomentan la calma:
- Elegir menos, pero mejor.
- Usar muebles que integren almacenamiento oculto.
- Incorporar texturas nobles que transmitan calidez y simplicidad.
- Evitar la saturación de colores y formas.
- Dejar zonas de “respiro visual” en cada ambiente.
En Grupo Antico creemos que ordenar no es una obligación… es una oportunidad de bienestar.
Diseñar para ordenar la mente
Vivir en orden no significa tener todo perfecto. Significa habitar espacios que te acompañen, no que te agobien. Y eso empieza por entender qué te estresa, qué te abruma, y cómo transformar tu entorno en un aliado.
La neuroarquitectura nos entrega las herramientas, pero el cambio empieza por una decisión: elegir rodearte de objetos que sumen, que ayuden, que cuiden. Porque a veces, lo más poderoso que puedes hacer por tu salud mental es diseñar un espacio que te dé calma.
Y a ti ¿Qué rincón de tu casa te transmite paz?

